Escuela Primaria Emilio Portes Gil Tamazula II
- soporte041107
- 5 may
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 5 may

A veces, las lecciones más grandes no se encuentran en los libros, sino en la sonrisa de quienes sueñan con el mañana.
Hay quienes piensan que los grandes cambios requieren de multitudes, pero nuestra reciente visita a la Escuela Primaria Emilio Portes Gil nos recordó que el impacto real se mide en momentos, no en números. En este plantel, donde solo nueve pequeños gigantes dan vida a las aulas, vivimos una jornada que nos llenó el corazón de una manera inesperada.
Mucho más que un partido de fútbol
La jornada no solo se trató de pintura y mejoras físicas; se trató de conectar. El patio de la escuela se convirtió en el escenario de un emocionante partido de fútbol donde no importaron los marcadores, sino las risas y el trabajo en equipo.
Verlos correr tras el balón, con esa energía inagotable y la pureza que solo los niños poseen, nos recordó que el juego es el lenguaje universal de la esperanza.
Un pequeño convivio para grandes corazones
Después de la actividad física, compartimos un pequeño convivio. En esa mesa, entre charlas y meriendas, descubrimos lo que realmente hace especial a esta escuela:
La cercanía: Al ser un grupo pequeño, la calidez es inmensa; son casi una familia.
La resiliencia: A pesar de las carencias, sus ganas de aprender son gigantescas.
Los sueños: Escuchamos a futuros ingenieros, maestras y deportistas que, aunque estudian en una escuela pequeña, tienen metas que no conocen límites.
"Nos conmovió ver que, aunque solo son nueve estudiantes, su alegría llena cada rincón de la escuela. Nos fuimos con la lección aprendida: no hay sueño pequeño cuando se tiene la voluntad de alcanzarlo."
Nuestro Compromiso Continúa.




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